TRAYECTORIA MUSICAL

 
    

 

  56 AÑOS

 DE VIVENCIAS, RECUERDOS, SATISFACCIONES Y  NOSTALGIA.

 
 
 
           

    El privilegio más grande que Dios me ha dado es el haberme permitido cantar.  Es la actividad de la cual he recibido más satisfacciones, porque al cantar me siento en la misma presencia de Dios.  Ya son 56 años los que llevo cantando, o relacionado con la música de cuartetos.  En todo este tiempo he participado en varios grupos.  De todos conservo hermosos recuerdos que se mantienen vívidos en mi mente.

    Primero que todo, quiero aclarar que no soy músico, pero creo que poseo cierta sensibilidad musical.  Desde muy niño podía hacerle una segunda voz a cualquier melodía.

   Tuve el privilegio de crecer en un ambiente donde se cultivaba la música sacra.  Me refiero al Colegio  Adventista de Chillán (hoy Universidad Adventista de Chile), donde mi padre estudiaba la carrera de Teología.

    Por aquellos tiempos (1950-54), el coro del Colegio era famoso.  Lo dirigía un profesor americano de nombre Herber Greer.  También había cuartetos masculinos y tríos femeninos.  Mi mente infantil fue captando toda esa música, y atesorándola de por vida.

                                                                                

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      A los quince años de edad regresé al Colegio como estudiante, y a la semana ya estaba cantando en un cuarteto. Cantaba 2do. Tenor. Poco me duró la titularidad de 2do. Tenor porque mi voz fue cambiando. Formé otro cuarteto en el cual canté Bajo. Imagínense qué Bajo podría cantar un muchachito de 15 años. Mis compañeros eran: Orlando Contreras (1T), Santiago Collins (2T) y Tomás Aguilar (Bar.).
 
     Casi cada año escolar había uno o dos integrantes nuevos en el cuarteto. Eso se debía a que algunos no regresaban. Pero siempre llegaban elementos nuevos. No voy a nombrar todas las combinaciones de cuartetos en que canté, sólo me limitaré a mencionar algunos de los nombres de mis ex-compañeros: Juan Hermosilla, Luis Garrido, Daniel Jiménez, Juan Cabezas, y otros, con los cuales canté ocasionalmente.
 
      El año 1962 tuve la feliz experiencia de conocer personalmente a Los Heraldos del Rey, mis ídolos para ese entonces, cuando visitaron Chile por primera vez. Eran lo máximo del mundo musical adventista de aquel tiempo. Escucharlos en persona era como estar en el cielo. Y, dicho sea de paso, cantaban a puro pulmón, porque no había los sistemas de amplificación que existen ahora.
 
      Desde 1964 a 1966 viví en Buenos Aires, Argentina. Recién llegado, integré el cuarteto "Armonía", el cual carecía de un bajo, así que canté con ellos por casi un año. Recorrimos varias provincias del territorio argentino. También formé parte del cuarteto "Mensajeros de Paz" que fue el primer cuarteto oficial del programa radial "Una luz en el camino", que dirigía el pastor Enrique Chaij. Con este cuarteto también tuve el privilegio de hacer mi primera grabación. Era un disco de 45 r.p.m., con dos temas navideños.
 
     En agosto de 1966 viajé a Puerto Rico para iniciar mis estudios universitarios en el Colegio Adventista de las Antillas. Allí tuve la oportunidad de formar un coro de varones, el "Coro de Cámara Masculino Armonías", con el cual recorrimos varias ciudades de la isla y algunas presentaciones en televisión. Ese mismo año (1966), para mi gran sorpresa y felicidad, el pastor Braulio Pérez Marcio estuvo a cargo de la Semana de Oración y se hizo acompañar, nada menos que de Los Heraldos del Rey. Como para ese entonces ya tenía mi vehículo propio, me di el lujo de seguir a "Los Heraldos" en casi todas sus presentaciones que hicieron en Puerto Rico, las cuales no fueron pocas. Tuve el privilegio de conversar con ellos y bombardearlos a preguntas. Me hice amigo de Jim McClintock, el Bajo, y le pedí que me regalara, como recuerdo, una de las corbatas de su uniforme. Me dijo que no podía hacerlo porque estaban en gira y las usarían todas, pero me prometió enviarme una cuando llegaran de regreso a California. Pensé que me lo decía sólo para que lo dejara tranquilo, pero cuál no sería mi sorpresa cuando después de un tiempo recibí una carta de su parte con un pequeño paquete donde venía una hermosa corbata. En esa ocasión también pude hacer realidad uno de mis sueños desde que era niño. Hablé con Jim y le pedí que me dejara cantar con ellos. ¿Qué voz quieres cantar?, me preguntó. No me atreví a decirle que me gustaría reemplazarlo a él, porque hubiera sido una osadía. Le dije que cantaría Barítono. El himno fue "En la mañana, mi carro guía, buen Señor", y lo cantamos en uno de los cultos de la Semana de Oración. De más está explicar cómo me sentí en ese momento.
 
      En 1970, los Heraldos del Rey volvieron a Puerto Rico y nuevamente tuve la oportunidad de cantar con ellos en un culto de la Iglesia de Río Piedras, de la cual mi padre era el pastor.
 
    Desde el año 1975 al 1978, mientras trabajé como profesor en la Academia Adventista Metropolitana, de San Juan, Puerto Rico, tuve el privilegio de formar parte y dirigir el "Orfeón Evangelístico Orión", un grupo de 12 jóvenes que nos dedicábamos a hacer evangelismo interno en las iglesias. Íbamos a las iglesias o distritos y permanecíamos allí por todo un fin de semana. Comenzábamos con un programa de reavivamiento para jóvenes el viernes de noche. El sábado participábamos con la música especial y tomando la lección en la Escuela Sabática. El sermón estaba a cargo nuestro. Por la tarde ofrecíamos un programa musical con diversos y entretenidos juegos bíblicos. El domingo por la noche culminábamos con un culto lleno de música. Las iglesias quedaban contentas, pero nosotros quedábamos más felices todavía, y con nuestras baterías bien cargadas. Con este grupo visitamos muchos distritos. También tuvimos el honor de hacer una presentación especial en "La Fortaleza",el palacio del Gobernador de Puerto Rico, para él, su familia y todos los empleados que trabajaban con él.
 
     La Unión Antillana, a través del Departamento de Jóvenes, nos invitó a participar en el Congreso de Jóvenes que se realizó en Panamá.
 
    Con mucho dolor tuve que dejar ese grupo cuando me fui a vivir a Miami, Estados Unidos. Recuerdo que el primer sábado que pasé en Miami, fui a una iglesia americana. Allí escuché cantar a un grupo mixto, al estilo de los "The Heritage Singers". Eso era lo que estaba de moda en aquel entonces. Estoy hablando del año 1978. El grupo se llamaba "The Revelation Singers", y en él cantaba Elías Burgos, hijo, un joven a quien yo había conocido en Puerto Rico cuando él era un niño. Al terminar el culto, me acerqué a Elías para saludarlo y felicitarlo por el lindo grupo. Me preguntó si me interesaba cantar con ellos. Me dijo que ésa era la última presentación del Bajo del grupo porque se iba a California. Le contesté que, aunque cantaban muy bien, no me interesaba tanto cantar en un grupo mixto, porque mi especialidad siempre fueron los grupos de varones. Después de un rato, volvió a acercarse donde yo estaba y venía en compañía del director del grupo. El director me dijo que Elías le había dicho que yo cantaba Bajo y que realmente me necesitaban. Después de pensarlo por un rato, le dije que nos diéramos un plazo de tres meses como prueba, para ambos lados. Si al cabo de los tres meses ellos no estaban conformes conmigo, me lo dirían, y si en el mismo lapso, a mí tampoco me gustaba la experiencia, también se los diría. Duré con ellos un año y medio, hasta que el grupo se disolvió porque algunos integrantes emigraron a otros estados. En el primer ensayo que tuve con ellos, el director me dio un montón de unos 25 cantos, y me dijo: "Tienes un mes para aprendértelos, porque iremos a cantar a Tennessee en una convención de administradores de hospitales adventistas." Esa fue mi primera experiencia con el grupo. El Hospital Adventista de Hialeah era el auspiciador del grupo, pues nuestro director era el administrador del hospital. Con este grupo no sólo viajamos a otros estados, sino que recorrimos enteramente el estado de Florida. Grabamos dos cassettes. También participamos en programas de televisión en Miami.
 
     En 1980, el grupo se disolvió y entonces nos juntamos Elías Burgos, Juan Padilla, ex-integrante del "Orfeón Evangelístico Orión", y yo, y formamos un trío masculino. Nos llamabamos "The New Life Singers". Aproveché la experiencia aprendida con el grupo anterior. Teníamos varias cosas a nuestro favor. La gente nos conocía como miembros de "Revelations", teníamos un repertorio que nadie más estaba usando, y muchas ganas de cantar. El único problema era que no teníamos un equipo de amplificación. Compré un equipo completo. Adapté todos los himnos para voces mixtas a tres voces masculinas y nos pusimos en campaña. Fueron dos años inolvidables. Las giras eran más faciles porque éramos solamente tres integrantes. Pero también llegó el momento de separarse. Cada uno tomó su rumbo, y pasaron años sin saber unos de otros.
 
     En 1988 volví de visita a la misma iglesia donde había ido el primer sábado que pasé en Miami. Cuál no sería mi sorpresa al encontrarme allí con Elías Burgos y con Juan Padilla, quienes cantaban en un cuartteto con dos ex-integrantes del Coro de Cámara Masculino de Puerto Rico, Víctor Rodríguez y Pedro Fundora. Hacía más de veinte años que no los veía a ellos dos. En la hora del sermón nos fuimos a un salón de la iglesia y cantamos todo el tiempo. Les prometí visitarlos en algún ensayo. Cumplí mi promesa. Al cabo de unos pocos ensayos, me pidieron que me uniera a ellos y formáramos un quinteto masculino. Había que re-arreglar todos los himnos. Lo hicimos, y así nació "The Orion Singers". Muchos son los recuerdos que tengo de este grupo. Además de compañeros de grupo, éramos amigos. Tres de ellos, Elías, Juan y Pedro, eran fanáticos, y casi profesionales ciclistas. Se juntaban tres veces por semana y salían a correr en sus flamantes bicicletas. Me invitaron, pero cuando supe que madrugaban para hacer lo que hacían, incluso los domingos, rechacé su invitación. Además, mi bicicleta no tenía nada que hacer al lado de las de ellos. Insistieron tanto en que los acompañara, que un domingo me decidí a hacerlo. Desempolvé mi bicicleta y los acompañé. Para hacer más corta la historia, diré que di mi bicicleta en parte de pago y me compré una profesional. Los muchachos me hicieron adicto al deporte y nos juntábamos cuatro y cinco veces por semana, muy temprano en la mañana, para correr por dos horas. Ahí fue que la amistad creció y se afianzó, porque además de esos encuentros ciclísticos, nos reuníamos 4 veces por semana para ensayar nuestra música, aparte de que vivíamos muy cerca los unos de los otros y nos visitábamos con frecuencia.
 
     A fines de 1991 tuve que dejar "The Orion Singers" porque decidí regresar a Chile, después de 28 años de ausencia. Ya en Chile, estuve dos años inactivo musicalmente porque me radiqué en la ciudad de Los Angeles. A los dos años me cambié a Santiago, la capital, y visité la Iglesia Fe y Esperanza. En esta iglesia me sentí a gusto porque se cultivaba la música que a mí me gustaba. Allí me re-encontré con viejos amigos, gente que, siendo yo un muchacho, los veía cantar en cuartetos y grupos. Es el caso de Areli Rojas y Nelson Vargas. Me encontré a Areli dirigiendo un coro de varones y a Nelson cantando en un cuarteto. Por supuesto que seguí visitando la iglesia porque allí se hablaba mi idioma. Después de un tiempo, recibí la invitación de Nelson para que los ayudara con el Cuarteto Fe y Esperanza, compuesto por Carlos Garcés (1T), Everaldo Hermosilla (2T), hijo de Juan Hermosilla, con quien canté en mi primer cuarteto del Colegio de Chillán, José Almonte (Bar), ex-compañero del Colegio, y Nelson Vargas (Bajo). Además de Exequiel Almonte, hijo de José, quien los acompañaba al piano, y a quien pusimos a cantar una quinta o sexta voz cuando se requería. Con gusto accedí a ayudarlos. Como tenía varios arreglos para 5 y 6 voces, en algunos himnos me integré a cantar con ellos. Después de casi un año y medio, el cuarteto se transformó en un doble-cuarteto. Los otros componentes eran Carlos Alcaíno, Alejandro Mora, Ezequiel Almonte y Jorge Navarro. Fueron tiempos de gran actividad y mucha alegría. Con ese grupo, que era parte del Coro de la Iglesia Fe y Esperanza, hicimos una gira por el sur de Brasil, en 1995.
 
     Para esa época hubo algunos cambios en la estructura musical de la iglesia Fe y Esperanza. Se invitó a Oscar Yáñez para que dirigiera el Coro de Damas, a mí me pidieron que dirigiera el Coro de Varones, Everaldo Hermosilla pasó a dirigir el Coro de Iglesia y Areli Rojas se hizo cargo del Coro Mixto, que era la unión de todos los coros. Los directores de los cuatro coros nos unimos y formamos un cuarteto al cual cariñosamente nos bautizaron como el Cuarteto Añoranza, porque entre todos sumábamos, en aquel tiempo, más de cien años de experiencia musical. Recuerdo con mucho cariño esos tiempos. Lo más notable que hicimos fue la preparación y presentación de una obra músico-dramática llamada "El sonido de las cadenas", que narraba el inicio de la música negra en nuestro continente. Usando todos los grupos musicales de la iglesia, nos presentamos en el antiguo teatro NOVEDADES de Santiago, contando la historia de los "Negro Spirituals".
 
     En Septiembre de 1998, con la participación de Carlos Garcés, Everaldo Hermosilla, Raúl Parra y el que escribe, formamos el Cuarteto Santiago Gospel. Al comienzo nació como una iniciativa sin muchas proyecciones. Lo que quiero decir es que no hicimos planes a largo plazo. Mas bien nos juntábamos como amigos y pasábamos horas enteras cantando. Luego comenzó una presentación aquí y otra por allá, hasta que llegó el momento de tomar las cosas en serio. Decidimos grabar, lo antes posible, una producción para poder ofrecer algo a las iglesias que visitaríamos. Y así comienza la historia de un grupo al cual dediqué mis mejores energías. Fue durante mi estadía con Santiago Gospel (1998-2002) que realicé la mayoría de mis arreglos musicales. Durante esos cuatro años grabamos 4 producciones y nos mantuvimos muy ocupados haciendo presentaciones de Norte a Sur de nuestro territorio y dos visitas a Mendoza, Argentina. ¡Cómo olvidar aquellas presentaciones navideñas que hicimos en diferentes Malls de la capital, vestidos de Reyes Magos y Papa Noel! No tengo más que gratos recuerdos de aquellos tiempos, pero sobre todo, los apretados lazos de amistad con cada uno de mis compañeros.
 
     En el año 2002, después de haber estado en Chile por once años, regresé a Estados Unidos. Desde entonces he residido en la ciudad de Dallas, Texas. Los primeros meses extrañaba mucho al cuarteto. Ya me había acostumbrado a la rutina de ensayos y presentaciones. Necesitaba cantar. Busqué en varias iglesias para ver si había alguna oportunidad para cantar, pero no encontré nada. Cuando ya casi me había dado por vencido, uno de mis estudiantes de la universidad donde trabajo me dijo que aquí en Dallas está el mejor coro de hombres del país. No lo podía creer. Esa misma semana fui a uno de los ensayos y tuve una de las más gratas experiencias de mi vida. ¿Cómo reaccionarían ustedes al escuchar a 160 hombres cantando en armonías de 4, 6 y 8 voces? No pude resistir y comencé a ensayar con ellos, pero lamentablemente, después de 5 ó 6 meses tuve que abandonarlos debido a la salud de mi padre, quien necesitaba mi atención constante. Algún día volveré. Una cosa es escucharlos en un CD, pero otra muy distinta es escucharlos y verlos en persona. Como no quiero ser egoísta, los invito a que los vean y escuchen en "Otros sitios". Su nombre es The Vocal Majority.
 
     Del 7 al 10 de septiembre del 2006 tuve el privilegio de asistir a la Primera Convención Internacional de Cuartetos, que se realizó en Vitoria, Brasil. Por coincidencia, el gestor, impulsor y coordinador de este evento, el pastor Carlos Joaquim Nascimento, vive aquí en Dallas, muy cerca de donde yo vivo. Él me invitó para estar a cargo de un taller (workshop) en relación a arreglos y composiciones para grupos masculinos. Fue un gran acontecimiento. Allí tuve la oportunidad de re-encontrarme con Santiago Gospel y el cuarteto Invocación, de Temuco, Chile. Como ven, el mundo cuartetil es pequeño. Es una gran familia, cuyos componentes se regocijan con el mismo tipo de música.
 
     Hace bastante tiempo que llevo trabajando en la reestructuración de mi portal electrónico.  Es una tarea que no es fácil, pero la hago con gusto.  También me he dedicado a revisar todos mis arreglos y pasarlos en limpio a la computadora.  Les aseguro que es un trabajo cansador, pero alguien tiene que hacerlo.  Como ya estoy retirado profesionalmente, este año 2012 me he dedicado a arreglar himnos, lo cual me produce mucha satisfacción.
 
     Desde el 9 al 20 de Octubre, 2014 estuve en Chile para celebrar el aniversario 16 de la fundación del Cuarteto Santiago Gospel.  Como parte de la celebración de este aniversario, se realizó el Primer Taller para Cuartetos, con la participación de 35 personas.  Las actividades se llevaron a cabo en la Primera Iglesia Bautista de Santiago y la Iglesia Adventista Fe y Esperanza.  Fue un gusto para este servidor conocer a nuevos amigos amantes de este tipo de música, y volver a ver a viejos amigos a quienes no veía hace mucho tiempo.
 
     Los años 2015 y 2016 los he dedicado a arreglar nuevo material.  Entre los dos años, un total de 135 himnos.  Este año 2017, que acaba de comenzar, no creo que sea tan productivo, en cuanto a arreglos se refiere, porque tengo un par de proyectos que van a tomar la mayor parte de mi tiempo; pero algo haremos.
  
     Ustedes se preguntarán qué me motiva a compartir todas estas cosas con ustedes. Ninguna razón en particular. Sencillamente creo que más de alguno se identificará con mis experiencias. Cantar en un cuarteto no es solamente "cantar en un cuarteto", es vivir cantando toda la vida. Hasta siempre.